Mas de una vez en los últimos años he tenido que explicar a mis colegas, conocidos, amigos, desconocidos y afines por que no soy o no hago. A veces con paciencia y a veces con hastío.
Por que no tomo (o tomo poco) alcohol, por que no fumo, por que no tengo novio, por que no escribo, por que no hay tildes en esta computadora, por que, por que, por que.
Hace poco mas de una semana con dos de mis amigas entrañables compartía una comida en la vereda de un restaurant de Buenos Aires. La noche de verano era perfecta, la compañía y el momento también lo eran. Paulita entre bocado y bocado contaba historias y respondía preguntas acerca de sus experiencias como madre primeriza.
En un momento de la conversación, mi amiga, quizás un poco tocada por alguna de las objeciones que yo le iba ofreciendo acerca de cuestiones relacionadas con la medicina occidental y los niños, con una mirada entre angustiada y asesina dispara:
- Vos no entendes porque no sos madre!!!
Lo que mas me llamo la atención no fue la sentencia, sino de donde venia. No era mi propia madre, no era la señora de la cola del supermercado, ni mis tías, ni una perfecta desconocida. Era mi amiga Paulita, la que se vino de Bragado con sueños y ambiciones, la que tiene dos títulos universitarios, tres trabajos, una agenda completísima, un Blackberry y una hija de poco mas de un año, que algunas veces (no muchas) la dejan sin dormir.
Y no... la angustia y la alegría de tener chicos no la entiendo. Como hay un montón de otras cosas vinculadas a la Fe, la cocina y la física cuántica que tampoco. Y a veces creo que jamas voy a entender.